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La Revolución de Octubre de 1917 fue un punto de inflexión en la sociedad y la cultura rusas. Uno de los principales objetivos del Partido Bolchevique, liderado por Lenin, fue universalizar la educación y acabar así con el analfabetismo dominante en el país. Su proyecto político, además, consideraba a las jóvenes generaciones esenciales para crear una nueva sociedad. En ese contexto, la literatura infantil y los libros para niños se convirtieron en una herramienta fundamental para extender y consolidar las ideas de la Revolución.

Teóricos y políticos consideraron irrelevantes los libros infantiles prerrevolucionarios, en los que predominaban los cuentos de hadas y la fantasía, y abogaron por publicaciones en las que se abordaban temas antes nunca tratados en la literatura para niños: las nuevas fuentes de energía y sus usos, la higiene o la alimentación, los medios de transporte, el medio ambiente… En estos libros los personajes no eran reyes o reinas, brujas u ogros, sino personas normales (conductores, tenderos, electricistas, carteros…) con una necesaria y significativa labor social.

Pochta. Почта (El correo), Samuel Marchak y Mikhail Tsekhanovskiĭ (Raduga, 1927)

El lenguaje gráfico y la ilustración, y por ende la labor de artistas y diseñadores, adquirieron protagonismo ya que el principal reto era llegar a un amplio espectro de lectores, en mayor medida analfabetos o semianalfabetos. Por este motivo, el libro ilustrado se erigió en el soporte cultural y social estrella, concibiéndose también como la forma de arte más accesible para el pueblo. El hecho de que en el periodo comprendido entre 1917 y principios de la década de los años 30 no existieran líneas claras sobre lo que debía ser realmente la literatura infantil y los libros para niños en el nuevo marco político del país, tanto en forma como en contenido, se tradujo en un espacio para la innovación y en un florecimiento editorial que marcó la historia del libro ilustrado infantil y, concretamente, del libro álbum.

Stol. Стол (La mesa), Boris Zhitkov y Yevgeniia Ėvenbakh (GIZ, 1926)

No obstante, ya antes de la Revolución, escritores, ilustradores y editores habían comenzado a renovar el libro infantil. Durante el siglo XIX la literatura para niños se había importado de Europa occidental a las familias aristocráticas y ricas. A principios del siglo XX, sin embargo, se mejoraron los sistemas de impresión al tiempo que se incrementó la alfabetización de las clases medias, lo que animó a los editores a crear sus propias publicaciones, dinamizando así el mercado editorial interior. El movimiento Mir iskusstva (Mundo del Arte) fue especialmente relevante ya que planteaba la integración de distintas artes como la danza, el teatro o la pintura. Influenciado por el Art Nouveau, el Rococó y el folklore ruso, este movimiento artístico jugó un importante papel en el desarrollo del diseño editorial del libro infantil y, por consiguiente, del libro álbum. A partir de este momento, el libro se concibe como una obra de arte con entidad propia, en la que el texto y las ilustraciones se armonizan en un todo.

Alexandre Benois e Ivan Bilibin fueron dos de los principales nombres en la creación de libros para niños dentro del movimiento Mir iskusstva. Una de las obras más representativas de esta época es El Zar Saltán (1905), con textos de Aleksandr Pushkin e ilustrado por Ivan Bilibin. En ella las imágenes se integran con el texto, y cada elemento del libro, desde la cubierta hasta la tipografía, se ha diseñado para conformar una unidad completa.

El Zar Saltán, Aleksandr Pushkin e Ivan Bilibin (Ėkspeditsiia Zagotovleniia Gosudarstvennykh Bumag, 1905)

También cabe destacar la figura de Joseph Knebel, uno de los editores rusos más importantes de comienzos del siglo XX. Knebel creó una colección de libros ilustrados para niños (Podarochnaia seriia) en la que la parte gráfica era prioritaria. De hecho, siempre que era posible las ilustraciones ocupaban la totalidad de la página. Dos de los ilustradores más destacados en esa colección fueron Georgy Narbut y Dmitry Mitrokhin.

Con el estallido de la Revolución y la posterior Guerra Civil, el mercado editorial se estancó notablemente. No obstante, durante estos años cabe destacar la producción de una serie de artistas pioneros, fundamentales también en la historia de la vanguardia rusa, como El Lissitzky y Vera Ermolaeva. El primero comenzó ilustrando literatura infantil yidis tras revocarse la prohibición zarista sobre las publicaciones de origen judío. El artista creó obras con originales imágenes en las que comenzaba ya a explorar lo abstracto. Ermolaeva, por su parte, fundó en 1918 el colectivo Segodnia (Hoy) en Petrogrado; un grupo de artistas cuyo principal objetivo fue la publicación de libros ilustrados infantiles. Las obras, con linograbados inspirados en la tradición del lubok ruso, eran completamente artesanales.

Myshata. Мышата, Natan Vengrov y Vera Ermolaeva (Segodnia, 1918)

En 1921, impulsada por Lenin, se instituyó la Nueva Política Económica, lo que permitió el surgimiento de negocios privados, entre ellos editoriales. De esta manera se incrementó enormemente la producción de publicaciones, en especial en Moscú y Petrogrado. Precisamente en Petrogrado Lev Kliachko funda en 1922 la editorial Raduga (Arcoíris), la editorial más importante de libros para niños del periodo, paradigma de lo que supuso la innovación de la edición infantil soviética. Con más de 400 títulos dedicados a la literatura infantil, en Raduga se publicaron obras de Vladimir Mayakovski, Kornéi Chukovski y del histórico tándem formado por el escritor, traductor y editor Samuel Marchak y el pintor y artista gráfico Vladimir Lebedev, entre las que se encuentran algunas de sus obras maestras como El helado (1925), El circo (1925), Ayer y hoy (1925) o Equipaje (1926).

Morozhenoe. Мороженое (El helado), Samuel Marchak y Vladimir Lebedev (Raduga, 1925)

La colaboración entre Marchak y Lebedev se intensificó tras asumir la dirección de GIZ, la recién creada editorial estatal. Juntos crearon más de cincuenta títulos en los que desarrollaron un concepto nuevo y moderno del libro infantil, lo que hoy se denomina álbum ilustrado o libro álbum. Su concepción global de la obra se mostró en la forma de asociar formas y colores, textos e imágenes. Lebedev, en concreto, buscaba siempre la máxima legibilidad en los libros. De esta manera, el artista creó propuestas gráficas y visuales nunca vistas antes en la edición infantil, gracias a una síntesis entre el cartel, la estampa popular y los movimientos artísticos de vanguardia (Suprematismo, Cubismo, Constructivismo…). GIZ se convirtió así en un lugar abierto a la exploración editorial.

Vchera i segodnia. Вчера и сегодня (Ayer y hoy), Samuel Marchak y Vladimir Lebedev (Raduga, 1925)

Durante la década de los años 20 los libros infantiles soviéticos fueron reconocidos mundialmente y premiados en distintas exposiciones. Su influencia, de hecho, fue decisiva en la creación de los álbumes de Père Castor en Francia y de la serie Puffin Picture Book en Inglaterra. Desgraciadamente, en 1930 la editorial Raduga fue cerrada por orden del Comisariado del Pueblo para la Instrucción Pública y poco después se ratificó el decreto sobre la Reestructuración de las organizaciones literarias y artísticas, elaborado por el Comité Central del Partido Comunista (1932). Esto supuso la disolución de instituciones y numeroso grupos artísticos (sobre todo los vinculados a los movimientos de vanguardia), y la imposición de los principios del realismo socialista que, a partir de entonces, debió aplicarse a todas las artes (1934).

A pesar de la brevedad del periodo de innovación que vivió la edición infantil soviética, su legado artístico, a día de hoy, resulta incuestionable; como incuestionable también es su importancia histórica en la evolución de la literatura infantil, de la ilustración y del libro álbum.

Ėta knizhechka moia pro moria i pro maiak. Эта книжечка моя про моря и про маяк (Este es un libro sobre el mar y un faro), Vladimir Mayakovsky y Boris Pokrovskiĭ (Molodaia gvardiia, 1927)
(imágenes vía University of Washington)

Si quieres saber más sobre este tema te recomendamos la lectura de Inside the Rainbow de Julian Rothenstein y Olga Budashevskaya (Ed.) (Princeton Architectural Press, 2015) y la exposición online Fairytales and the Five-Year Plan: Russian Children’s Literature Exhibit de la Universidad de Washington.

*La imagen de cabecera corresponde a la obra Slonyonok (adaptación de la obra The Elephant’s Child de Rudyard Kipling) de Vladimir Lebedev (1922).

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