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Si hace unas semanas te dábamos algunos consejos para poder seleccionar un buen libro álbum, en la entrada de hoy vamos a hacer lo propio con un género que nos encanta: los libros informativos o de conocimiento.

La no ficción para el público infantil y juvenil vive un buen momento. En los últimos años se ha incrementado la propuesta editorial y también la calidad de las obras. No obstante, los libros de información siguen sin gozar de la popularidad de las obras de ficción y muchas personas aún tienen ideas preconcebidas sobre la realidad del género.

Los libros informativos son obras en las que se transmite conocimiento. Es decir, pueden tratar cualquier tema o asunto: desde matemáticas hasta jardinería pasando por arqueología o arte. Tienen además una función lúdica que resulta esencial: el lector se acerca al libro por puro placer, por el gusto de leer.

Pero puede que te preguntes: ¿qué características ha de reunir un libro informativo de calidad? Pues a continuación te enumeramos las principales:

1. Divulga conocimiento. Puede que parezca de Perogrullo pero lo cierto es que informar no resulta tan fácil. Un buen libro informativo ha de conseguir que el lector transforme los datos y la información que se proporcionan en conocimiento. Dicho de otro modo, el lector ha de razonar, comprender, pensar, para poder aprender. En ese sentido resulta fundamental que el autor o autores (y los traductores y adaptadores en su caso) conozcan a fondo el tema de la obra para así poder, por una parte, mostrar, explicar y desarrollar adecuadamente los contenidos y, por otra, usar de forma apropiada el lenguaje.

2. Muestra cómo funciona el pensamiento y el proceso científico. Una buena obra divulgativa no solo debería tratar un tema concreto sino mostrar la metodología y los procedimientos usados para conocerlo: observación, elaboración de hipótesis, experimentación, deducción… Aún mejor resulta cuando la obrahace partícipes a sus lectores y los involucra en el papel de científicos.

 

El árbol de la vida, Peter Sís (RqueR, Barcelona, 2004)

(vía Books Around The Table)

 

3. Conoce a su público lector. Los libros de conocimiento se dirigen a un lector que busca informarse, conocer, descubrir, satisfacer su curiosidad pero que, por otro lado, no está acostumbrado a temas puramente científicos. En el caso del público infantil y juvenil se han de tener en cuenta sus conocimientos previos así como su curiosidad y capacidad para hacer preguntas y cuestionar la información que se les ofrece. Un mismo libro informativo puede, no obstante, dirigirse a lectores de diferentes edades. En este caso la obra suele presentar varios niveles de lectura que pueden distinguirse gracias al uso de la tipografía (títulos, subtítulos, párrafos explicativos, comentarios referentes a las imágenes, etc.).

4. Presenta contenidos precisos, claros, rigurosos, actualizados y bien organizados. En una obra de divulgación la exactitud científica es primordial. Por ello es fundamental que los datos sean fiables, exactos, claros y, por supuesto, que no estén anticuados. Respecto a la claridad expositiva de un libro de conocimiento, la edición juega un rol muy importante: diseño, diagramación, formato, número de páginas, tipografía… Unos buenos contenidos también deben acompañarse de una buena edición. Si el libro está mal diseñado la organización de la información no será buena y, por tanto, el lector no encontrará aquello que busca cuando lo necesita ni podrá llevar a cabo una lectura de forma realmente independiente.

 

Aventuras y desventuras de los alimentos que cambiaron el mundo, Teresa Benéitez y Flavia Zorrilla (A Fin de Cuentos Editorial, Bilbao, 2016)

(vía Canal Lector)

 

5. Es visualmente atractivo. Es decir, mediante el uso de las imágenes el libro invita a la lectura. Con relación a esto resulta importante la relación existente entre el texto y la imagen (si la imagen apoya el texto, si lo clarifica…); la propia selección de imágenes y su función (motivadora, informativa, explicativa…); su tipología (fotografía, dibujos, gráficos…); la distorsión o no de la escala (si los elementos representados guardan una proporción adecuada), etc.

6. Aporta un enfoque diferente sobre un tema. Una propuesta creativa sobre un tema también se ha de valorar positivamente, sobre todo si del tema en cuestión ya se ha escrito mucho. Una obra que hable de manera novedosa de un asunto siempre va a resultar más atractiva y aún más si cabe si se acerca a la experiencia y vivencias infantiles o supera prejuicios y trata de manera honesta y valiente temas que interesan a los pequeños.

 

Costras, Genichiro Yagyu (Media Vaca, Valencia, 2008)

(vía Media Vaca)

 

7. Estimula a los lectores a hacerse preguntas y a conocer otros temas. Un aspecto característico del conocimiento y la ciencia es su capacidad para generar nuevas dudas y con ellas nuevas preguntas. Despertar la curiosidad por saber más sobre un asunto concreto o por responder a nuevas cuestiones (conduciendo al lector a la búsqueda de nuevas fuentes de información) debe ser un rasgo intrínseco a una buena obra de divulgación.

8. Hace disfrutar al lector y lo emociona. El lector se acerca al libro informativo de forma voluntaria, por placer, porque quiere. Por ello es esencial que la obra no subestime esta predisposición y sea divertida, original, bella, fascinante y, sobre todo, sea capaz de crear interés y transmitir al lector entusiasmo y pasión por el tema que trata.

Por supuesto un buen libro informativo no tiene por qué aglutinar todos estos rasgos pero sí presentar un conjunto armónico entre algunos de ellos. El fin último, como señalábamos al comienzo de esta entrada, es que la obra transmita conocimiento, despierte inquietudes y divierta al lector.

Si te interesa saber más sobre los libros informativos te recomendamos el trabajo de Ana Garralón: Leer y saber, los libros informativos para niños (Tarambana Libros, 2013).

¿Te han resultado útiles nuestros consejos? ¿Nos recomiendas algún libro informativo?

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